Hemos decidido abrir esta puerta a las opiniones de las parejas a las que retratamos, para que expresen sus sentimientos y opiniones sobre cómo ha sido su experiencia con nosotros. De nada sirve que nosotros las contemos, es mejor que lo hagan ellos. De esta forma, todos aquellos que quieran conocer nuestra forma de proceder, podrán servirse de la experiencia del resto antes de tomar una decisión. Estas publicaciones no tendrán cortes, ni censura por nuestra parte y siempre serán una transcripción literal del documento que cada cual quiera enviar.
Queridos Manu y Silvia,
Trataré de hacer buen uso del lenguaje epistolar, tan apto para reseñar las sinceras emociones vividas a vuestro lado.
Tanto para Kike como para mí habéis sido un apoyo magnífico desde que os conocimos. Un buen día contactamos con Manu, quien con su encanto y las muestras de sus trabajo nos cautivó, así que no dudamos en elegirle para retratarnos en el día de nuestra boda. Nos propuso algo con lo que no contábamos inicialmente pero que luego nos sirvió de gran ayuda: un reportaje preboda. Aceptamos y acudimos al encuentro con los nervios lógicos que surgen ante lo desconocido. La mañana soleada del 20 de marzo transcurrió entre risas y buen rollo. Pusimos cara a Silvia, de la que nos había hablado Manu, y nos percatamos en seguida de que están de que forman un compenetrado equipo de trabajo; despertaban envidia sana, tal era su complicidad. Manu dicharachero, atrevido e inteligentísimo; Silvia, viva, dulce y sutil tanto en el trato como en los disparos certeros que hacía con su cámara. Ante semejante par de artistas, nos relajamos y todo fluyó suavemente; conversación amena y comodidad ante sus objetivos. Hicimos un recorrido muy bonito por la ciudad en que vivimos; no fuimos muy originales en este sentido porque para nosotros lo ideal es moverse en el ambiente donde ha ido madurando nuestro amor; la cafetería de Barajas y el Madrid bellísimo que atraviesa La Castellana, desde las alturas en la terraza del Círculo de Bellas Artes hasta la plaza de mi apuesto Neptuno (guiño al Atlético) y acabando donde allá por el 2000 surgió la llama del amor que a Kike y a mí nos trajo hasta donde estamos, la Torre Picasso. El trato que nos dispensaron fue exquisito y su naturalidad hizo que la nuestra brotase; apenas sin posar, las instantáneas se multiplicaban dejando constancia del amor que Kike y yo nos profesamos.

Se sucedieron varios emails con consejos sabios por su parte hasta el 7 de mayo, la gran cita. “Novia mojada, novia afortunada”…. claro! Mi novio en casita, divinamente, tuvo tiempo incluso de hacer su gimnasia matutina. Yo, “me mudé” a la casa de mis padres como manda la tradición para pasar la noche previa en la que no pegué ojo. Mucha familia alrededor, divertiéndose hasta las tantas, y cuánto me alegro de que así fuera. Recé para que eso que se dice siempre de que el maquillaje hace milagros lo lograse con mi piel madurita; sí, nos casamos mayores… pero felices. Tanto la peluquera como la maquilladora hicieron un trabajo extraordinario con la materia prima que les llevé. Allí se me plantaron mis queridos fotógrafos y aquello parecía el Diluvio Universal… no pasa nada, ya parará me intentaba decir a mí misma para no echarme a llorar. Silvia y Manu y viceversa disparaban a placer en aquel entorno de rímel y rulos bigudíes; yo repasaba una lectura importante para el evento. Allí me dejaron para ver a mi chico mientras se preparaba en casa; el futuro marido estaba en su salsa mientras los fotógrafos desgranaban su imagen y complementos varios. Cuando acabaron con él, Manu y Silvia de nuevo se ponen en camino hacia la casa de mis padres donde hay el lógico trajín que genera el antes de una boda, aunque esta se hubiese concebido por sus creadores, Kike y yo, como la más sencilla del mundo. Mujeres aún en la peluquería, los hombres cada uno a sus quehaceres, uno colocando los detalles florales al coche, otro acabando de acicalarse, … y yo, con mi vestidito y mi canesú, pisando fuerte sobre mis tacones segura ante la iniciativa que iba a tomar instantes más tarde y absolutamente confiada de que los profesionales que me estaban captando eran los mejores. Qué verdad más grande esta! Originalidad, luz, color y contraste blanco y negro, elegancia, delicadeza, sentimientos a flor de piel… todo eso y más grabaron Manu y Silvia. Se adaptaron perfectamente a las circunstancias y con educación ejemplar ayudaron en todo momento.

Durante la ceremonia, desde ininimaginables planos se colocaron para extraer la esencia del momento, esos nudos en la garganta que causan las cosas auténticas, las lágrimas de alegría y el deseo ardiente de que todo saliese bien; es decir, de que cada uno de los invitados, nuestros acompañantes, disfrutasen al menos tanto como nosotros mismos. Manu y Silvia nos dirigieron sin darnos ninguna orden por la senda de la mejor estética… tras una salida del Ayuntamiento de Coslada, con la sensación de triunfo porque estábamos conociendo de primera mano la felicidad, nos trasladaron al Parque del Capricho; todo un capricho lleno de belleza, un verde mojado, la madera de los árboles, del banco donde nos sentamos y la casita de ensueño, otrora molino, … el paraguas nos servía de soporte a la vez que nos adornaba, cual sombrilla del siglo XIX en pleno romanticismo. Manu y Silvia se agazapaban, se tiraban al suelo, todo valía en busca del mejor cuadro… cuánto trabajaron en aras de la obra peculiar que lleva su sello inconfundible; si Monet levantase la cabeza…

Generosos hasta decir basta y con la máxima discreción se mezclaron entre los asistentes que esperaban a los novios en el Comedor del Pabellón de Oficiales de la Base Aérea Militar de Torrejón de Ardoz, mientras se deleitaban con un cocktail diseñado para sus merecedores paladares. Ardua había sido la mañana para luego abrirse a un cielo más calmado el resto de la jornada que nos permitió cumplir con todo lo que Kike y yo nos habíamos propuesto. Al aire libre la luz era espléndida, extraña, bonita… y todo el colorido que ponía la gente, la granadina de las bebidas, los ropa blanca y amarilla que vestía las mesas, niños preciosos que correteaban… pura armonía que Manu y Silvia no perdieron de vista en ningún momento. Tuvieron un detalle digno de mención que nunca agradeceremos lo bastante: entre el primero y el segundo plato recibí la llamada de la animadora para la fiesta infantil angustiada porque no podía acceder al lugar de la celebración. Manu, se brindó a traerla mientras Silvia se ponía al mando cubriendo la ausencia momentánea de él. Tremendo… nos ayudaron muchísimo. Fotos de todo tipo, flashes en interior, dejaban constancia de cada instante: discursos de agradecimiento mío y de mi querido suegro, qué labia y desparpajo tiene micrófono en mano, entrega de ramo a la madre de la novia, muestras de cariño, gestos divertidos entre amigos y amigas, disfrute de la comida, claro, cómo no hablar del maravilloso menú. Luego los detalles para con los invitados, el puro para los hombres y la cajetilla de cigarrillos para las mujeres porque el padrino se empeñó… hasta el baile, ese vals único que mi amado Kike se marcó sin pisarme ni una sola vez; nunca sabremos si fue la suerte del principiante porque a Dios pongo por testigo de que jamás hubo ensayo previo. El padrino me sacó a bailar el consabido pasodoble y, por fin, le ví relajado, con una sonrisa abierta que denotaba satisfacción y dicha.

Por último y aprovechando el privilegio que mi general de división logró, Manu y Silvia nos acompañaron al CLAEX. Para Manu, su segunda casa, pero para los novios, una novedad maravillosa que nos esperaba llena de símbolos del ALA 12… qué suerte tuvimos, las nubes creaban una atmósfera de película, un cine en el que Kike jugaba conmigo a ser un galán de los cincuenta. Abiente belllísimo al que Manu y Silvia también se rindieron. Para terminar les despedí con una rumbita que dio lugar a una secuencia muy simpática.
Mil gracias de todo corazón. Quedará para siempre en nuestro recuerdo y este solo será el principio de una hermosa relación porque en la larga vida que nos queda por delante seguro que nos volveremos a encontrar.
Un fuerte abrazo y felicidades por vuestro trabajo y vuestra inminente paternidad.
por Manu Jiménez
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